miércoles, 14 de diciembre de 2011

Ets tu? Sóc jo amb vint i set

Saps què? Amb disset anys desitjava tant el futur que va arribar un moment en el què el desig es va convertir en l’oblit del present. Aquell present era la bogeria pròpia de l’edat, aquella que t’incitava a deixar-te portar pels teus sentiments i impulsos. La Laura dels disset era una noia tossuda, poruga i amb el cap ple de preguntes sense resposta. Una noia que buscava la solució al sentiment d’incultura als palaus de la cultura literària: les biblioteques. Per posar-li remei a aquest sentiment, vaig llançar-me a la piscina i, després de superar un dels pitjors tràngols de la meva vida, la maleïda selectivitat, vaig estudiar a la Universitat de Barcelona el grau d’estudis literaris. Els millors moments de la meva vida els recordo allà, on vaig poder gaudir del poder de la lletra, d’una gent amb la que compartia gustos i aspiracions personals. Tinc gravada al meu cervell la cara d’alegria i d’orgull dels meus pares quan van sentir el meu nom entre les llicenciades. Quan vaig acabar el màster vaig fer oposicions i així entrar a un institut com a professora de literatura universal. Aquella feina no era el que jo m’esperava i els meus alumnes em feien sentir com un borrissol cada cop que entrava a les aules. Donada la situació que patia, vaig decidir fer el que tota la vida havia desitjat: deixar enrere una Barcelona que ja no omplia els meus pulmons d’aire i muntar una llibreria a la vora d’una altra mar: Cadis. La llibreria és de llibres d’aquells que ja no es fan, llibres de paper que són considerats peces de col·leccionista i que van ésser substituïts pels llibres digitals. M’agrada la feina que faig, m’agrada Cadis i també que sigui en Sergio qui m’acompanyi des dels catorze anys. Sí, aquell company d’escola i institut que era tan orgullós i amb qui sempre havia tingut una relació constant d’amor-odi i la certesa de fer de les nostres vides una sola. Les nostres vides sempre havien tingut el temps just per ficar els seus sentiments a una maleta, agafar camí conjuntament i dir-nos aquelles paraules d’amor que ambdosos desitjàvem . Però va arribar el dia que se’ns va oblidar tancar les maletes i els nostres sentiments van caure al mateix temps. Quan això va succeir vaig poder entendre les paraules de García Montero: “Si el amor,como todo, es cuestión de palabras, acercame a tu cuerpo fue crear un idioma”.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Lo tuvimos tan fácil que valió la pena.

¿Sabéis? Me alegra que sea feliz y que se acuerde de mí por lo que le dije antes de irme, aquello de que el tiempo hace cambiar demasiado las cosas y que nadie sabe lo que el destino nos depara a cada uno. Pero a la vez me entristece ver que todo me adelanta por la derecha y sin intermitente y que yo no puedo hacer mucho más por evitarlo. Ahora, él es feliz con una bonita chica del Sur y me explica que les va bien, que la quiere un montón y que incluso tienen planes para el verano que viene, nuestro verano. Chapó. (plas, plas, plas).
La verdad es que todo esto ha sido culpa mía, por dejar que el asunto se me fuera tanto de las manos. Yo he sido la culpable de una cuerda atada a una mano nos uniera de forma simbólica, de intentar mantener el contacto mediante postales que nunca llegaron, de las llamadas que nunca hicieron sonar el teléfono y de tener la absurda esperanza de comenzar una nueva etapa, un año nuevo juntos.
Toda la culpa ha sido sólo mía. Sólo mía.

martes, 22 de noviembre de 2011

Cántale, niño.


De los desolados paisajes
de las entrañas del Sur,
nace el 22 de noviembre

Las golondrinas se posan sobre San Juan
y anuncian a todo aquel que alcanzan:
"Sepan ustedes ya que ha madurado
la mejor aceituna del olivo".

Martia se eriza cuando oye sus llantos
en la Calle Cantarero y la Virgen del Rosario,
mientras, se empeña en secar sus lágrimas de trigo.

Y es que no hay guitarra ni cajón
que logre apagar la luz que desprenden esos ojos verdes
ni soleá qe entristezca a este hijo del campo.

¡Cántale, niño, a esta tierra que te ha dado de comer!
¡Cántale, niño, hasta que se te sequen las entrañas,
venga San Sebastián y te dé de beber!

Madre Juana ahoga sus lágrimas
cuando ve a su niño bonito que parte lejos
sin duros que darle al barquero que le lleva a Cádiz.

¡Golondrinas de Hispalis,
no dejéis que se olvide de las colombianas de su tierra!
¡Gaviotas de Gades y Barcino
devolvedme a mi niño!

Y es que no hay alegría ni bulería que valga
cuando una seguiriya le arranca de sus raíces.

Capricho de tu tierra, Rosario,
esa viva morena de la Calle Cantarero.
¡Cántale, niño, que ella, mientrastanto,
zapateará para ti sobre el tablao de la vida al son de unas encontrás!

¡Cántale a la Arbonaida!
¡Cántale, niño, hasta que se te sequen las entrañas,
venga San Sebastián y te dé de beber!

De los desolados paisajes
de las entrañas del Sur,
nace Antonio Pliego Villalba.


... A mi abuelo Antonio, la esencia de estas letras.

sábado, 19 de noviembre de 2011

"Fumar perjudica gravemente el corazón."

Los domingos por la mañana suelo acompañar a mi padre al estanco. Siempre me gustó el olor que desprenden cientos de cajetillas de cigarrillos de mil estilos y procedencias diferentes y sobretodo lo simpática que es la muchacha que se halla tras el mostrador. Cada pitillo que vende supone toses matutinas, probabilidades altas de padecer enfermedades cardiovasculares, algún caso que otro de impotencia sexual y la seguridad de la vendedor porque sabe que esos cinco euros de puchos irán seguidos de otros cinco pues el que compra una vez, volverá a por más.

Ponerse uno de esos entre los labios es más bien un riesgo. A pesar de ello, un gran sector de la sociedad abre una cajetilla de cartón, selecciona uno al azar, se mete la mano en el bolsillo en busca del mechero y se dispone a encenderse un cigarro que llene los pulmones de tabaco, nicotina, monóxido de carbono, alquitrán y un sinfín de oxidantes e irritantes.

Y es que si te paras a pensar, el amor tiene unas características similares: cuando uno se enamora llega a sentir una dependencia parecida a la del tabaco. La primera experiencia suele dejarte un mal sabor de boca y rasga tu ser, pero a pesar de ello vuelves a caer en la tentación de probarlo una y otra vez olvidando todos los malos tragos que te pudo suponer. Llega un punto en el que surge una dependencia por esa persona que te hace creer que el mundo se reduce en un solo ser. Si falta, la ansiedad impuesta por Winston Cupido entra en el terreno de juego con la finalidad de marcarse unos tantos en el marcador personal.

Luego, por otro lado, están aquellos que le ganaron la partida a este mismísimo hijo de Lucifer mediante un sinfín de parches de nicotina, medicinas paliativas de la camarera de abajo y manuales para kamikazes enamorados. A pesar de todo ello, cuando se encuentran ante una máquina expendedora y en sus bolsillos suenan tres monedas la tentación hace acto de presencia.

- Doctor, dejado de fumar: mi mujer se ha largado de casa sin intenciones de volver y el estanco más cercano a mi casa ha cerrado. ¿Qué sentido tiene ahora mi vida? Dígamelo usted.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Lyrĭcus II

Vuelvo a abrir los ojos, unos ojos llenos de pena y lágrimas. Y ahí seguía yo, observando esa vieja foto del primer viaje que hicimos juntos: Cádiz, mi querida Gades. Qué miedo le tenía yo a la altura de ese mirador y cómo sonríes, cómo sonríes...
Lo reconozco: tenías razón cuando decías que ese iba a ser el viaje de nuestra vida, siguiera posteriormente en conjunto o no. Ese era el viaje que unía una gota de agua con el aceite: la pureza de tu ser y mi maldita manía por recaer siempre sobre tus palabras y lograr la victoriosa sensación de tener siempre la última.
De lejos, oigo el ruido de la cuchara y cómo arrastras los pies con esas viejas zapatillas de andar por casa. Te vuelves a sentar en la cama y dejas la taza encima de la mesilla de noche. Noto cómo te estiras y cómo mi respiración se acelera cada vez más. Me agarras del muslo, me das la vuelta y ahí estamos tú y yo, frente a frente.
Yo, parpadeando, lucho contra tu mirada e intento imponer una caída de ojos pero tu sonrisa arrancada del vacío ha ganado, como siempre.
- Dime quién eres, háblame de ti. No vale tu día a día y tus quejas constantes por todo y hacia todo. ¿Qué se mueve dentro de ti? Ábrete. Ábrete porque necesito saber qué albergas tras ese caparazón de mujer fría e insensible.
- Me dan miedo tus versos, tus manos sabias y mi constante miedo a que seas tú quien deba enseñarme a nadar cuando yo empiece a llorar y no pueda parar nunca más. En definitiva, necesitarte, quizás, demasiado. Así pues, amor, te otorgo la medalla, Campeón.
Sin pensarlo ni un segundo más, me reincorporo y me enrollo en esas sábanas blancas que ya huelen al último terceto de nuestro soneto.
Se acabó.

Así que abandonándote en tus ramos
o dejándote al borde del camino
aplicarte el rigor es lo mejor.
Mario Benedetti