viernes, 28 de febrero de 2014

Fa 20 anys que tinc 20 anys.

Cumplir los veinte me ha hecho hacer un recuento de cosas que no he hecho. No he aprendido a tocar la batería. Ni tampoco he sido capaz de superar mi miedo a las alturas. Ni he perdido kilos.
Pero sí que me he hecho integradora social. Y he aprendido a tejer. Y vivo y mantengo a los míos cerca.
Al final, cumplir años acaba reduciéndose en hacerse mayor. En mirar que tu madre explique cómo fue el nacimiento, tu padre recuerde alguna anécdota. Ver los dibujos que algún día les hiciste y verificar que lo tuyo nunca fue el dibujo.
Crecer, sin duda, es algo hacemos todos. Aunque no de la misma manera.
Yo sigo los mismos rituales que hace cinco años, sigo cantando a todo pulmón cuando Quique González suena y sobretodo sigo rellenando mis libretas de las cosas bonitas.
No me acompañan en este viaje las mismas personas que hace ni dos, ni tres años. Pero sí que les llevo en mi mochila. No sé si para bien o para mal, pero están. De tanto en tanto, me da por sonreír cuando recuerdo cómo ha trascurrido todo hasta hoy y no me arrepiento de nada. Y creo que eso es clave para seguir como hasta ahora. Viviendo, al fin y al cabo.





domingo, 1 de diciembre de 2013

Yo, que un día quise saberlo y entenderlo todo.

¿Saben? Hubo un día en el que me cansé de mi identificación política. Que el uso de la protesta como forma de manifiesto ya no llenaba mi cuerpo de orgullo y satisfacción.
Cuando empecé ese proceso de duelo decidí plantearme un seguido de conceptos que, al poco tiempo, inundaron mi cabeza.
Sabía que la experiencia de militar en un partido político había estado bien, pero que no era aquello que yo querría estar haciendo toda la vida.
Estaba harta de ese puritanismo que hacía acogerme a roles pasivos, a no formar parte de diálogos si no optaba por las formalidades. A las desconfianzas entre iguales y  a no ser un sujeto de derecho en mi propia casa.
Necesitaba sentir que mi participación dentro del ente social no estaba condicionada por intermediarios: necesitaba trabajar hacia la proximidad. Sentir que estaba en mi lugar, en ese sitio donde se valorara la ética y la honestidad social y la colectiva.
Que mi actuación iba a formar parte de la transformación social, que actuaba regida por unos derechos sociales. En definitiva, buscaba nuevas formas de participación.
De primeras, la primera forma de participación que se me ocurre es la puntual.
Como aquello que hicimos muchísimas personas este mismo sábado cuando fuimos a comprar al supermercado. El Banc d’Aliments un programa que se llama “El gran recapte”, nos ofrece una bolsa de plástico y nos pide que la llenemos de alimentos de primera necesidad (legumbres, pasta, aceite, etc). Seis, siete euros aproximadamente. Y más de tres mil toneladas de comida.
Mediante las redes sociales, no sólo las que están detrás de pantallas y teclados, si no las primarias, las humanas podemos hacer surgir la participación. Vecinos de, amigos de, compañeros de y ex de. Esas relaciones que, teniendo en cuenta la fortaleza e importancia, mantienen la comunicación entre todos nosotros y nosotras para afianzar la participación.
En el momento en que vivimos, debemos ser conscientes de que nuestras relaciones se basan, en muchas ocasiones, en la relación que mantengamos con otras redes sociales, en este caso, las que hacen encontrarnos en línea con nuestros iguales.
Por ejemplo Twitter, la red social que nos permite dar opinión y participar en debate. O Facebook, la red social que más poder de convocatoria tiene.
Estas redes deben ser utilizados de forma comprometida, hacia un bien para la sociedad ya que ejercen dos tipos de poderes: el poder de acceso-denegación a la información y el poder de descentralizar la información y crear nuevas redes y conjuntos de acción. Por ejemplo, los movimientos espontáneos como el 15-M  y, ya en su nacimiento, están condicionados por estos dos poderes.
Quedémonos con los movimientos espontáneos, así como el voluntariado. El elixir de muchas personas que deciden salir de esta sociedad anestesiada, espectadora y recipiente de noticias. Personas que tienen un sinfín de valores emergentes, que otros tantos deciden dejar en manos de entidades y personas con buen corazón o simplemente prefieren claudicar con las entidades más clásicas como son los partidos políticos y los sindicatos.
Y volviendo al principio de todo esto… ¿Cómo surge ese afán de participación en el ente social? Mediante la conciencia, señores. Dándonos cuenta de cuáles son las carencias y posibilidades del entorno. Y sin tal conocimiento no hay posibilidad de cambio.
Queda considerar que hay medios que promueven formas distintas de consciencia: así como los medios de comunicación. Estos carecen de lideraje ético porque no promueven la escucha ni la opinión objetiva, y esto no genera confianza en la sociedad. Quiero decir así que su ejemplo no es ejemplar. ¡Y qué diablos! Promueven la banalización del mal: todo aquello que vemos y oímos por la televisión y otro medios nos resbala por esta piel (ya impermeable) y forma parte del espectáculo. Y todo esto a la sociedad se le queda grabado a fuego como ese “There is no alternative” (TINA), eslogan usado por Margaret Thatcher. Ante todo este mal que nos supera, nosotros no podemos hacer nada.
¿Por qué no podemos hacer nada? Porque las instituciones educativas sean formales o informales han fomentado esta aclimatación al medio y no al cambio. Y ya, puestos a despotricar y expresar todo aquello que lleva inundándome la cabeza, nuestra sociedad es se basa en el conformismo social y en el inconformismo personal.
Y para que todo esto cambie, parece ser, las riendas las deberían tomar el tercer sector y de las personas que claudican y claudicamos por y con él. Quizás, esa virginidad moral que le caracteriza sea la responsable de crear discurso y, a su vez, conciencia en esta sociedad tan adormecida.
En muchos casos, la sociedad considera que esta conciencia es una ligadura. Y el no compromiso viene derivado por varios factores: la carencia de habilidades y recursos para comprender el fracaso (no hago nada por si me equivoco), el individualismo (yo solo no lo puedo hacer) y el puritanismo (no hago nada porque no estoy del todo de acuerdo con…).
Quizás, una vez rotos estos mitos, la sociedad podría llegar a comprender que la conciencia y la participación son las claves para emprender los liderajes compartidos y comprometerse por causas comunes, así como darse de baja, de forma colectiva, del partido político o el sindicato que te representó durante años y emprender en una entidad del tercer sector.


jueves, 10 de octubre de 2013

1989

Las lunas de enero los enamoraron,
decidiendo hacer caso al amor y a sus entrañas.
Brindaron por el reproche ajeno,
por palabras que duelen más que los golpes,
por todos aquellos dedos que sentenciaban,
elogiando aquello que hoy le llaman vida y libertad.
Aprendieron que hay que aguantar las tempestades
porque, al final, vale la pena.
Que el amor es una constante
y se debe andar de frente.
Fluye en mi sangre que ellos son aves y son viento,
son furia y son llanto.
Son infinito y  son coraje.
Son la única constante de mi república,
de mi aventura, mis alfareros, mis centinelas
y el viento de mi vela.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Equipajes y cicatrices.

Vivir es tener ambiguas cicatrices que descascaran el barniz de nuestros cuerpos. Nos suelen delatar e indican, a su vez, cuántos silencios hemos decidido romper, cuántas distancias hemos querido acortar. En definitiva, vivir es no ser fracción de lo que se siente y ser una canción a pleno viento.
Hoy he revisado mi equipaje y he enumerado las cicatrices y las dudas. El equipaje sigue siendo el mismo: llevo a cuesta días grises, recuerdos con muchísimas personas que hoy ya no están, mi familia, los de siempre y un esquema complejo de lo que soy y de lo que quiero seguir siendo. La enumeración de las cicatrices ha sido más bien corta y las dudas poco complejas. Analizándolas, me he dado cuenta de que todas estas dudas me llevan a encontrarme, de nuevo, en medio de la carretera. Cruzo o no cruzo, es sencillo.
A diferencia de otras veces, ahora tengo la certeza de que si cruzo será para bien y puedo asumir una posible caída. Que no me da miedo, ni tengo la necesidad de querer taparme entre la niebla de la gran ciudad.
Todo va sobre ruedas, Laura. Tengo a alguien que suele hacer sitio para acomodarse entre dudas infinitas y cambiarlas por un abrazo sincero, mi familia, mis amigos. Estoy segura de querer cargar con este bonito equipaje hasta el final de mis días, de afrontar la experiencia que supone trabajar con personas llenas de maletas complejas y difíciles, de gritar que lo he conseguido en junio del año que viene. De asumir que el paso de los años me está sentando bien y que este era el camino correcto.

Allá vamos.



domingo, 1 de septiembre de 2013

Il nome suo nessun saprà.

A pesar de ser tú verano y yo invierno, tú el fuego y yo el frío. A pesar de tus piedras y charcos, mi mano y mi hombro siempre estuvieron aquí.
Tus tropiezos, tus lágrimas. Quise decirte que sé cómo lates y cómo debían cuidarte todas aquellas chiquillas con las que comparte sábanas. Quería decirte que no había más mentira que la de esos labios y que yo hubiera sido primavera contigo. Que no hubiera sido la persona que entristeciera tu perfil. 
Tal vez te acuerdes de mí cuando ahora llores porque no te abrazan, porque ahora quieras que te quiera ella y sientas celos del aire que roza sus pulmones.
El caso es que ya no te pienso, ni siento miedo al silencio que nos acompaña. Vas a estar bien, verás. Vas a estar bien rodeado de los de siempre. Recuerda escribir en la libreta de las cosas bonitas y deja que la vida se cobre por los días grises.
Mañana será otra mujer y te hará llorar... y ahí entenderás que lo que te dije. Aunque ya, por esas fechas, nos de igual.


Acuérdate de vivir. 

martes, 20 de agosto de 2013

La Bárbara

Me volvió el corazón a su sitio cuando vi a La Melgarcita detrás de su coche. Nunca supe que media hora de trayecto diera para tanto: recordé todo aquello que había sucedido durante los días que yo me montaba en ella, cuando compartíamos paseos en  las noches despejadas y frescas de Barcelona. Abrígate, Pliego, me decía.
Sonreí cuando recordé el sonido de los cascos chocar, cuando la volví a escuchar arrancar.
La Melgarcita, Luis y los viajes en ella eran un indicativo de que las cosas estaban yendo bien. De sentirme bien conmigo misma y con él, claro.

Esa misma sensación volvió la noche del lunes, cuando mi corazón volvió a estar en su sitio. Luis ya no era quien llevaba la misma moto, pero yo sí que era quien se montaba detrás de La Bárbara. Enric era quien llevaba la moto en la que me subí por primera  vez, la moto en la que pasé miedo, cerré etapas y abrí otras mucho más bonitas. Y me gustó mucho.
Agradezco, en definitiva, poder volver a agarrarme a una barriga, volver a sentir la colonia del conductor. Poder sentir eso de la libertad absoluta. De subir en uno de los sitios de mi recreo preferidos.


¡Con La Barbarita, hasta el infinito y más allá!


viernes, 2 de agosto de 2013

Eclosiones

Cuando aquél cuerpo decidió no envolverse nunca más entre mis sábanas, me quedé a solas conmigo misma. Esa sensación de soledad momentánea recubrió todos los rincones de mi cuerpo, hasta el punto de querer dedicarme el resto de mis días a saborearla.
Hubo algo, después de cuatro meses, que me hizo cambiar de parecer. Todo había cambiado demasiado para seguir en esa tónica. Decidí buscar un bar donde alguien recordara mi forma de bailar mientras yo machacaba mi hígado. Un lugar donde nadie tuviera la ocurrencia de preguntar por mi obcecación de hacer paté del mismo, por licuar mi corazón hasta hacer zumo.
Por aquellos entonces, descubrí que un buen camarero nunca hace preguntas incómodas. Simplemente se dedica a asentir, a repetir lo que dices. A chupártela, si lo requieres. Te avisa de que aquél está en el bar, por aquello de no coincidir.

Pero cuando quieres darte cuenta él ya se ha ido. Y ya no quedan más bailes, si no una caña de cerveza a la mitad. Un amor flojo y sin espuma. Queda, pues, que no puedes ver a un ex y verlo como un ex, porque siempre queda un poso, un reducto. Una canción que te recuerda el olor de su corazón acompasado. Un abrazo preciso antes de caer rendidos.

viernes, 3 de mayo de 2013

Hache de Héroe

Hablar de Hache (Antes Jordi) es hablar de las personas que se hicieron cargo de su cuidado, de su integridad: ellos son la SPAM, la Sociedad Protectora de Animales de Mataró.
Enric y yo decidimos que, teniendo un patio tan grande, un tiempo para dedicarle y un sentimiento de amor hacia los animales, era un buen momento para adoptar un nuevo integrante de la casa.
Nos pusimos manos a la obra con la búsqueda y nos decidimos por visitar la protectora. Allí es cuando vimos la cruda realidad: un sinfin de perros y gatos de todos los tamaños, colores y razas que están a expensas de que familias, parejas y voluntarios/as les vengan a pasear unos días a la semana, que se los lleven de acogida unas semanas o, si tienen mejor suerte, sean adoptados.
Pero bien, Hache y el centenar de animales que lo acompañaban son lo que son por su pasado, su presente y su futuro urgente. Quién sabe el pasado que tuvieron; a la Protectora eso ya no le importa demasiado. Lo que les importa es que el presente sea lo mejor posible y que el destino y la suerte les de un futuro digno. Y eso es sólo mérito de SPAM: voluntarios que regalan su tiempo libre y su amor hacia los animales, que dan muestra a la sociedad en la que vivimos que los animales son seres igual de dignos que los humanos y se merecen el cuidado y la atención necesaria. A veterinarios, coordinadores que hacen de este sitio un hogar temporal, aunque en muchos casos definitivo.
"Mucha suerte, príncipe, has encontrado tu familia" - Le decían a Hache cuando nos disponíamos a salir de allí. Yo sólo podía contener las lágrimas y observar aquel sentimiento de las personas que forman parte de SPAM.
Y digo desde aquí, un espacio personal, que los animales que vengan a la tierra deben tener las necesidades cubiertas. Que los animales no son el capricho perfecto para las familias: los animales son seres iguales que tú y que yo, a los cuales hay que respetarles sus derechos. 
Doy las gracias a ese gran equipo que forman las Protectoras de Animales, en especial la SPAM. Agradecemos y admiramos vuestro trabajo, vuestra dedicación y cariño. Sois parte del heroicismo de Hache, porque Hache es un héroe gracias a vosotros.



viernes, 18 de enero de 2013

Inventario

Y así acabó, convirtiéndose en un mero usuario de Facebook.  Hasta ese momento no supe cómo pueden dar de sí las redes sociales. Miento. Las redes sociales hicieron un nosotros. Y eso estuvo bien. O quizás no. No sé.
Superar una (primera) ruptura no es fácil. A pesar del intento en vano, a lo máximo que aspiramos a ser fue a ser unos ex-novios, ex-cómplices, ex-amantes. Y ese fue el mejor de los casos pues podíamos habernos quedado detenidos en el tiempo, suspendidos en aquello que le llaman pretérito presente.
Ya no aparece nada suyo fortuitamente en mi habitación. Ni cenizas, ni mechero que encienda la pólvora de mi incertidumbre. Mi corazón no es una bomba lapa adherida a su recuerdo, ni un temporizador en marcha. 
Mi vida dejo de ser un hostal en baja temporada: ahora  hay alguien que se queda más allá de dos noches conmigo. Y el resto del día. El calendario ya dejó atrás septiembre del 2012 y el servicio de habitaciones funciona perfectamente: entre mis sábanas ya no hay rastro suyo, ni las hojas secas que crepitban cuando me acostaba y me recordaba que nosotros tuvimos primavera, que nosotros nos enamoramos. 
He pensado durante estos días en eso. Sobre el amor que caduca o simplemente se estropea a temperatura ambiente. Si lo nuestro, en fin, concluyó porque estaba escrito así en el reverso de alguna libreta o porque la pistola que acabaría con lo nuestro no se encasquilló. El tiempo era nuestro sicario y la vida un testigo incómodo que declararía, finalmente, contra nosotros: "Yo les vi quererse, señoría". 
Tardé mucho en comprender que la única forma de conservarnos era quitándonos de en medio. Y ese es el único error que reconozco, haber intentado mantener(nos) diplomáticamente en ese pretérito presente.
Cuidate, sí. 

lunes, 31 de diciembre de 2012

Agur, 2012.

Cuando pensé en valorar este año que ya se acaba, pensé en valorarlo mes a mes, cosa de que todos esos buenos momentos que están en mi libreta amarilla de las cosas bonitas tuvieran hueco también aquí. Luego pensé que no vale la pena. Prefiero agradecer, de una forma u otra y de forma personalizada, a todas aquellas personas que han hecho de este año mi 2012. (Gracias Carlos por la magnífica idea).
A una preciosa entrada al 2012 con Mari Àngels, un año que nos juramos que sería nuestro. Nos equivocamos cuando le pusimos ese nombre, me equivoqué contigo. Ha sido mi año. Ojalá el que viene sea el tuyo, de veras. A Judit, Yaiza, Sergio porque no entendería un segundo de Bachillerato sin ellos. A Pol, por ser un incendio de nieve durante siete meses. Por tu cariño, tu amistad. Por tanto, aunque la vida ya no tenga estas cosas.  
A aquellos que están a pesar de los kilómetros y tienen siempre un hueco en mi recuerdo: Laura, Ismael y Julio. Brindo por todas esas postales que huelen a Madrid, esas cartas que llegan, casualmente, sin remite y sin huellas y por esos abrazos fraternales desde Guatemala. 
A un septiembre lleno de integradoras y de integradores que han hecho las tardes más emocionantes y que han despertado a esta Indi(e) que llevo dentro. Laia, Paula, Ana, Irene, Eli y los demás. 
A Luis, por ser un maestro Jedi increíble. Por Descartes, por los paseitos en la moto, las tardes de té, las cenas y comidas en la Batcueva, por hacer que no me equivoque tanto y crea un poco más en mí.  
A mi família por estar incondicionalmente. A mis padres, Chola y Mary, mis abuelos, a los que quiero con locura.
A Pepote, el ser más bizarro, el popotito y marinero de luces que está siempre para darme los mejores abrazos. Te debo, nos debemos muchos Cacaolats y Suárez. A Sara, esta primavera constante que apareció salvajemente en septiembre para quedarse durante mucho tiempo. 
Sé que estás leyendo esto y que te impacienta no encontrar tu nombre señalado. ¿Creías que me olvidaba de ti, Carlos? Pues no: la suerte de mi vida es como un postre, se deja para el final. Para ti ya no tengo unas palabras originales, ni unas frases que no hayas leido, escuchado antes. Para ti lo que tengo son años, muchos años a tu lado. Porque sí, porque has demostrado que eres el mejor amigo que pueda tener alguien, aunque el tiempo, las circunstancias o las personas que hayan o vayan apareciendo  se empeñen en hacernos creer que nos distanciamos. Se equivocan, se equivocaban con nosotros. We are the tide. ¿Y tú, Óscar? Ya está, ya puedes dejar de darle al F5, pero no dejes de ser tú mismo nunca. No olvides quién nos esperó en el Tibidabo, ni los atracones a pistachos, ni Marwan, Chaouen juntos. Cállate. 
Diciembre. Has llegado justo a tiempo, en el momento perfecto: cuando acaba algo y comienza todo. Has sido el mes más bonito de este año, el beso preciso, el abrazo necesario, la canción perfecta.
...no encuentro razón para cerrarse y caer en ese rol de parecer frío hielo.


G R A C I A S.

Nos vemos en un año mejor que este. Ojalá que sea el que viene, este 2013.



jueves, 13 de diciembre de 2012

XII


Diciembre es este frío
que me ha hecho aprender a desabrochar botones
y no ponerlos.

Son aquellas cosas de valor
que nos intercambiamos
con esa cierta distancia de seguridad,
ese luto absurdo, esa tristeza de una Lisboa sin amueblar.

Voy a dejar de cansarme de mí
para abocarme en las niñas azules
y ser esa hormiga que se pasea
por el borde de tu pupila izquierda.

Qué ganas de hipotecar el azar que me trajo a ti,
de comenzar a apostar un poco por mí,
de echarle valor y no tener miedo
a perder la orientación.

Mientras tanto, asimilaré que esta cuarentena
es ese antídoto para un quiéreme libre, déjame ser que costó sanar.
No me puedo arriesgar a comprometerme
para luego abandonar.

No todo se acaba aunque diciembre acabe,
porque lo mejor aún queda por delante.
Tampoco me sirve averiguar el cómo,
si no que prefiero regodearme en el qué.

El devenir va a colisionar
en un enero de incertidumbres.
Iaunuarius se merece una coalición de treinta días
en los que triunfe la esperanza de ganadores y perdedores 
desarmados que no temen a nada.




...te voy a querer. 

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Poesía simple. Poesía compleja.

Poesía son unos ojos que hablan y unas bocas que callan. Un corazón humilde que dice verdades. Las arrugas, producto de la risa. Un abrazo a tiempo. Poesía es dibujar un mapa en la espalda disimulando viejas cicatrices. Unas manos que se rozan casualmente. El sabor de una boca después de un beso en el mar. Poesía es un hundirse en la inmensidad de una caricia, conseguir prescindir de un recuerdo. Morirse de frío a causa de noviembre a -5ºC, de calor a causa de unos lunares oportunos. Poesía son las postales y cartas que llegan a mi buzón.  Las ganas de todo y las de nada y acabar convirtiéndote en la rival de la costumbre. La fragilidad de nuestro cuerpo con el paso del tiempo. Poesía son los olores familiares. El detallismo cuando va de la mano del romanticismo. Poesía es un hasta luego que realmente es un hasta siempre que tú quieras.  Poesía es mi paciencia. Que no se nos vaya la vida en quitarnos la ropa. Un suspiro oportuno. El desprecio de cuánto le echarás de menos. Poesía son mis ganas de llorar con unas buenas líneas y una voz bonita. Es el perdón cuando la soledad  nos da un beso. 
Dime que poesía no era lo que merecías y entonces será cuando sepa que los conceptos cambian con el tiempo: tú yo, nosotros. Fuimos, somos y seremos. 

Poesía, al fin y al cabo. Poesía, en definitiva. 








sábado, 3 de noviembre de 2012

La casa está vacía

Los ladrones entraron el martes en mi casa. Aún cierro los ojos y los imagino: el ansia de forzar la puerta y de introducirse en una casa ajena, tocar y escoger a su antojo todo aquello que tuviera un supuesto valor mientras el  tiempo les pisa los talones y no corre a su favor.
Pienso en los pasos que dieron por mi suelo, en los marcos en los que pusieron sus manos recubiertas de guantes, en los recuerdos y objetos en los que clavaron sus ojos. Pienso en haber estado presente y haber impedido que pusieran unas manos desconocidas en mis mejores sudaderas, en mis cosas definitivamente. Me hubiera gustado verlo todo. Como una narradora omnisciente. Sí.
Pienso en haber aparecido casualmente y haberles ayudado a escoger cosas. "Llévense esa caja forrada: está llena de cosas que ya no importan tanto. Llévense a Pío Moa, pero dejen de llevarse mi antología de Miguel Hernández, porfavor. Llévense también esas libretas llenas de fechas con pegatinas del partido y dejen mis libretas de los días bonitos. Tengan ustedes la delicadeza de no dejar a la vista la ropa interior que algún día le hizo sonreír, las fotografías que me recuerdan a lo que un día fui(mos). Acuérdense de que por mucho que arrasen con lo que queda de mi pasado y con parte de mi presente hay cosas que no me arrebatarán nunca. Adelante, siéntanse como en su casa. Ya se han tomado la libertad de entrar sin permiso y de desnudarme". Chapó. Lo habéis logrado. Gracias por nada.



miércoles, 10 de octubre de 2012

El tiempo de las cerezas.

He ocupado mucho tiempo haciendo(me) promesas. Ya no quiero encadenar el amor a un puente porque he logrado comprender que todo es demasiado frágil como para intentar sostenerlo con los dientes. El futuro y, muchas veces el presente, no cumplen lo que prometen. Todo, al final, se oxida o desaparece de forma pringosa. 
Nos queda el mientras y el durante. La calma antes del desastre. El amor per se. No hay mejor manera de demostrarlo que retirarse a tiempo. Como hicimos nosotros. Antes de matarme y estampar mis promesas contra el suelo. 
¿Saben? Lo peor de que se acabe el amor no es que se acabe, sino que continúe en unos planes de futuro, en unas sábanas usadas, en ese idioma creado para entenderse que hace imposible conjugar con otra persona.
Las conjugaciones en otras camas no dependen de las camas, si no de las personas que están (o no) a tu lado. Se encogen y se prolongan hasta la pura tristeza, según el estado anímico de la persona. Esos tamaños predeterminados de 180x90 individual, 190x160 de matrimonio no son ni meramente indicativos del paso del tiempo. Y eso, realmente, es incómodo. Del amor, claro. Dormir no implica soñar ni amar, ni ser correspondido. Porque los cabeceros de las camas son cambiantes e inestables, al igual que las fotos de las mesitas de noche, los pies fríos o las respiraciones.


"Cuanto más cercana sea la relación entre dos seres, más probable será que se puedan hacer daño el uno al otro. Cuando más lejana sea su relación, más probable será que se mueran de frío."

domingo, 23 de septiembre de 2012

Memento vivere

Hay cosas que yo ya no puedo escribirte ni tampoco remediar. Te fuiste sin dejar olores en mí y, aunque en mi armario haya un cepillo tuyo, que no pueda relacionar ningún olor en particular facilita mi tarea.
Ahora todo huele a antes, a otoño y suena a Tiersen. Quique lleva meses diciéndome que ya no suena en mí diariamente. Love of Lesbian nunca volverá a ser lo que fue antes, esto no es un reproche, es un hecho. Aún es pronto, sí.
Recupero, poco a poco, la suerte de mi vida: Carlos, Chola, mi familia. Recupero viejos hábitos que nunca debí perder: observar más a menudo el techo de mi habitación, quejarme y pelear por un futuro más digno. Aprendo, día a día, a perdonarme a mí misma, a remediar todas aquellas cosas que duelen. Lo que me apetece ya me está bien. No niego que, en algunas ocasiones, me asuste y todos aquellos miedos que creía superados vuelvan a picarme a la puerta.
Como hizo Amélie, la protagonista de la película con el mismo nombre, me apetece meter una mano en un saco de especias y que esa sensación recorra todo mi cuerpo. Ese tiempo-espacio sublime de introducir la mano en una tarde cerca del mar, en el abrazo más sincero de Yaiza, Lluis y Pepote, en una noche de bailes bizarros, en un concierto, en la cercanía de Sara mientras suena nos sobran los motivos, en una postal de Madrid de la chica de Alcobendas, en detalles recíprocos en forma de llave o en canciones de Chaouen, en el coche, que te mandan a callar.


"Sempre hi ha un motiu pel que desitges estar avui i et fa seguir caminant".

lunes, 17 de septiembre de 2012

Hueles a antes.

A mí lo que me gusta es que vengas y que, quizás, no te vayas. O sí, porque eso es lo que seguramente pase.
Que te vayas para siempre.
Que bailes.
Que veas conmigo el mar, la inmensidad y la libertad.
Que cantes.
Que el aire te roce.
Todo sin vergüenza. Todo.
El verde que baña tus ojos.
Tu risa y tu sonrisa, claro.
Que todo esto huela a antes.


Cállate.





martes, 11 de septiembre de 2012

Cafe de Flore

Cuando dejé de entenderlo todo decidí comprar el periódico. Era un martes festivo, un martes en que la gente salía a la calle a manifestarse por una nación independiente. Yo también salí a manifestarme, a mi manera, claro.
Me levanté ya con la intención de dejarme parte del sueldo en periódicos y leer durante toda la mañana y parte de la tarde, en saber cinco opiniones, puntos de vista diferentes. Me puse aquellos pantalones viejos de color gris y las chanclas y bajé al kiosco. Hacía meses que no bajaba a comprarle nada, ya ni tarjetas para el bus. Noté en su cara que se sorprendió al verme allí leyendo nuevamente los titulares, pero a pesar de su reacción, me atendió de la misma forma antipática que siempre.
Acabé mirándolo todo menos las noticias importantes. Hojeé las páginas hasta llegar a las carteleras y oferta cultural de Barcelona. El teatro y el cine doblado me asusta. Todo es demasiado caro. Todo. -pensé-.
Desganada, sin ganas de nada, me dispuse a levantarme del sofá y llevar la taza del té al fregadero. Me paré en seco y miré por la ventana del comedor: el mar hoy no me esperaba, ni tampoco tenía ganas de que las olas me mojaran el alma. Ya no sabía de qué tenía ganas, ni qué hacer. Todo comenzaba a darme el mismo miedo que hacía unos meses. Amontoné todos los periódicos encima del reposapiés y resoplé.
Mis padres habían decidido marcharse todo el día fuera a la Costa Brava, a pasear y, en cierta forma, a finiquitar el verano. Comí algo de fruta y seguí indecisa, sin motivos, evidentemente.
Cuando quise darme cuenta ha eran las tres de la tarde, me despertó la sintonía del telenoticias. Me dio tanta rabia que acabé cogiendo ropa interior, metiéndome en la ducha y plantándome en el portal de mi casa predispuesta a ir aún a no sabía donde. Me enfadé conmigo misma por no saberlo y me dispuse a coger el metro y plantarme en los cines dedicados al VOS e independientes a su vez.
Café de Flore fue mi elección. Sin pensarlo demasiado, para evitar dudas. A las seis comenzaba la sesión. Me vi en una sala de cien butacas, de noveinta y nueve butacas vacías. Escogí mi sitio, como había hecho siempre en todos los aspectos de mi vida. Comenzó. Comenzó mi sesión.
Cerré los ojos y me imaginé las mejores de las compañías. Noté como el vello de mis brazos se erizaba sólo con imaginarle a mi lado, cogiéndome de los dedos en cuanto se apagaran las luces.
Creo que fue una de las mejores películas que había visto en muchísimo tiempo. Lloré y lloré sola, sin temor a que nadie me preguntara el motivo. Cuando quise darme cuenta, el chico de la taquilla se había sentado tres butacas más a la izquierda de mía. Acabó la sesión, ahora ya nuestra. Aplaudió entre lágrimas mientras se levantaba de la butaca. Nos miramos, sonreímos entre agua salada. Silencio y luces.
Adiós.


viernes, 7 de septiembre de 2012

Reprocidades estancadas.


Me ha costado siete meses en darme cuenta de que no hay receta para lo nuestro y que nos hemos dedicado a ir improvisando. Durante todo este tiempo hemos dicho no a los sinónimos, al palabreo barato que define como somos, éramos o no sé.
A cómo actuamos juntos o por separados. Estás o no estás.
La situación es como la del presidente del Gobierno que disuelve las cortes y convoca elecciones. Aquí no sabe nadie quién manda: si el pasado o el futuro.
Ahora tengo miedo a morir quemada a lo bonzo al roce con cualquier otro cuerpo que no sea el suyo, al roce de unas sábanas blancas y no estampadas de azul.  Mi cuerpo, ahora mismo, es una bomba lapa que está pegada a mi cuerpo y su recuerdo.
El servicio de habitaciones ha ido haciendo su trabajo: ha ido llevándose esas sábanas repletas de sudores, ha ido avisándome mediante notas de color amarillo que debería ir despegando del dormitorio esas fotos que me sonríen. El servicio se ha dejado un cepillo de dientes verde que me mira cuando abro el armario, pero no sé si decirle que volverá algún día o no.
En su lado de la cama ya hay hojas secas que crepitan cuando me acuesto y me recuerdan, joder, que también nosotros tuvimos nuestra primavera.

Ahora ya se acaba el verano. Ahora ya quizás se acaba nuestro verano. Y yo ya tengo frío y necesito ver el mar.

sábado, 25 de agosto de 2012

Nul

Como los padres que se quedan sin palabras cuando su hijo les reprocha el afán de sobreprotección cuando ya es mayor.
Como el político que hace las cosas a su manera, lo inmoral y tiene detrás a un pueblo que se queja.
Como la noche que toca cenar crema de verduras y arrugas la nariz. 
Como la palabra muerte en un parto.
Como uno de los tantos parados sin trabajo.
Como el sueño después de dieciséis horas de cama. 
Como los miedos a cosas inevitables.
Como ser un maldito afluente sin mar.

El paso del tiempo,
la poca vergüenza y las cosas bien hechas,
la batalla por ganar,
lo que se debe,
la antítesis de la vida,
una de las consecuencias del sistema,
lo inexplicable,
lo que se debe afrontar,
yo, Laura.

domingo, 22 de julio de 2012

A expensas del Destino.


El destino existió para que yo me registrara contigo,
para que pagara por los errores de las lecciones
que me perdí o ignoré,
y también para ver salir el sol y despedirlo.

Aprender a entender este mundo gris con vos,
jugar a ser humanos.
Recorrer las calles de Barcino
tal si fueran las líneas de tus manos.

El destino antes de morir en ti
supo que no necesito más excesos que tus besos,
de todo lo demás yo puedo prescindir.
Yo ya era parte de tus ojos y de su razón,
de un camino que me enseña y me lleva a no perder la fe,
a dejarme de tonterías y de ciencia-ficción.



Felices veinte, mi chico de ojos verdes.